¿Por qué vuelve esa sensación de auto-abandono cuando menos me lo espero? Es decir, todo va bien; todo vuelve a encajar mediantamente bien. O eso creía.
Sigue faltándome algo. Quizá alguien. Pero juro que cada vez que este sentimiento me invade por completo intento huir. Intento no mirarle a los ojos.
Hay una vieja leyenda que cuenta que una vez un hombre, ingenuo, vulnerable pero valiente, le acarició el rostro. Pocos segundos después se esfumó. Se esfumó así como su felicidad y cualquier tipo de gana de contacto social. Fue como un apagón repentino aun habiendo pagado tus dichosas facturas; simplemente una sobre carga eléctrica funde cualquier tipo de electricidad.
Y así fue. Aquel hombre quedó atrapado en la oscuridad. En su oscuridad; invisible.
Por eso huyo cuando huele a abandono.
Aún puedo ver la luz al final del túnel y corro para llegar hasta ella.
Espero no tener la suerte de aquel ingenuo, vulnerable pero valiente hombre.

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