Me llamo Anastasia. O eso creo.
Realmente creo que saber mi nombre es lo de menos si ni siquiera se cómo me encuentro.
O lo que es peor: quién soy.
Es sábado y el metro de Madrid está prácticamente lleno. Pero para mi es como si estuviera vacío.
Solos yo y mi música. Suena Kodaline, siempre a tiempo para darme ese chute de endorfinas que necesito.
Pero hoy, lo siento, has fallado.
Hoy ni la música consigue aparcar mi dolor.
Vacío
Frío
Hueco
Ausencia...
Toc-toc, ¿hay alguien ahí? Silencio...
Ni siquiera mi conciencia me habla. No puedo seguir auto compadeciéndome.
Necesito salir, gritar, bailar, reír....
VIVIR. ¿cómo?
Amiga mía...
Debería apartar esta literatura que saca mis males a luz, o más bien, al papel.
Podría pasarme meses escribiendo sobre mi novida. Pero ¿qué hay de mí?
No hay nada. Soy como un papel arrugado en la papelera; fruto de frustraciones y desdichas... Soy como un proyecto a medias. Una obra inacabada de cualquier autor anónimo (aun que eso sería tirar por lo alto.)
Pero ¡basta! -grita mi conciencia cansada de oír sandeces.
Y tiene razón. Pero necesito un mapa, un libro de auto-ayuda o alguien a mi lado. Lo más práctico sería lo tercero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario