Fuera hace
frío.
Está
nublado, nieva.
¿Dentro?
Dentro solo
hay caos, desorden.
Hay una
pelea entre el llanto y las ganas de vivir.
¿Quién
ganará?
Parece que
el llanto y la tristeza han golpeado fuerte.
¿Podrán
recuperarse las ganas de vivir?
Quizá su
compañera la inocencia le eche una mano.
Pero por
ahora la pelea continúa.
Hay un
claro ganador.
Pero ya
sabes, no es como empieza, sino como acaba.
Cierra los
ojos.
Todo está
oscuro. Hay ruido en tu mente.
Ahógalo.
Échalo.
Mejor.
Mucho mejor. Solos tú y yo.
Voy a
presentarme. Me llamo conciencia.
Soy esa que
te dice que lo estás haciendo mal.
Que salgas
y vayas a buscar la esperanza en la esquina donde la dejaste el año
pasado.
Sigue ahí,
sola, esperándote.
Soy la que
nunca estará de acuerdo contigo cuando tu solución sea encerrarte y
llorar.
Soy esa a
la que llamas pesada y maldices; pero créeme, soy lo mejor para
ambas.
A veces me
paso de lista. A veces te empujo a hacer cosas que te rompen en mil
pedazos eso a lo que llamamos corazón; lo siento.
Pero si lo
hago es solo por un motivo; para que puedas sentirte más fuerte que
los monstruos de tus pesadillas.
Lo hago
porque confío en ti. Porque tienes que empezar a quererte un
poquito.
Puedes
crecer como una rosa en mitad el invierno. Serás frágil, pero a la
misma vez le dirás a la nieve que no puede contigo.
Quiero que
te levantes del suelo; te cures todas y cada una de tus heridas
y te lances
al ruedo para ganar al llanto y a su inútil compañera la tristeza.
Vamos,
amiga, cierra los ojos y cree en ti.
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